
El tema marco del Parlamento Universal de la Juventud 2008-2010, “Hacia una Carta Magna de valores para una nueva civilización”, propone un reto apasionante a todos los jóvenes que buscan dar unidad, dirección y sentido a su vida personal y social con proyección en el futuro de un mundo que debe ser mejor de lo que es. En este contexto, intentaremos, mediante el trabajo en equipo, dar respuesta a aquellos interrogantes que plantea la vida cotidiana en amplios sectores de una sociedad caracterizada:
a) por la ausencia de Dios, frente a la conciencia de origen y destino;
b) por la intolerancia, violencia de género, racismo y xenofobia, frente al respeto fundamental a todo ser humano por el hecho de serlo;
c) por el hedonismo, el relativismo y el escepticismo favoreciendo la indiferencia ante los valores y la falta de compromiso personal y social;
d) por la insensibilidad ante los derechos y deberes fundamentales del hombre y la pasividad ante la pérdida de objetivos e ideales trascendentes;
e) por los intereses individuales, frente al diálogo, la solidaridad, la distribución equitativa y acceso a los bienes materiales, éticos y espirituales;
f) por el egoísmo y la agresividad, frente a la generosidad del amor, la educación y el buen gusto que posibilitan paz y bienestar social;
g) por la tristeza y soledad de la vida, frente al disfrute de la convivencia;
h) por la cultura de la muerte, frente a la defensa de la vida;
i) por la voluntad de poder, frente a la voluntad de amar;
j) por la evasión, frente a la responsabilidad.
Como pequeña contribución a esta Carta Magna de Valores para una Nueva Civilización hemos estado trabajando diversos temas durante algunos meses, de lo cual hemos extraido interesantes conclusiones. Además de ello, hemos querido expresar de manera "gráfica" nuestras ideas por medio de estos pequeños cortos que a continuación a ofrecemos:

El último cine alemán ha ofrecido sugerentes reflexiones sobre las paganas y deshumanizadas raíces comunes de los dos totalitarismos más crueles del siglo XX: el socialismo nacionalista (nazismo) y el socialismo internacionalista (comunismo), como los denomina el cineasta polaco Krzysztof Zanussi. El nazismo ha sido diseccionado en películas como El hundimiento, El noveno día o Sophie Scholl; mientras que se han centrado en el comunismo filmes como Good Bye, Lenin, Hasta donde los pies me lleven o La vida de los otros.
Ahora, esa lista se amplía con La Ola, basada en un hecho real, protagonizado en 1967 por el profesor Ron Jones en la Cubberley High School de Palo Alto, California, y recreado a su vez en la novela The Wave, escrita por Todd Strasser bajo el pseudónimo de Morton Rhue. La ha dirigido Dennis Gansel, que ya afrontó la educación de las elitistas juventudes nazis en Napola.
Una pregunta incómoda
¿Puede surgir en la Alemania actual una dictadura como el nazismo o el comunismo? Esta es la peliaguda pregunta que plantea a sus adolescentes alumnos Rainer Wenger, un profesor carismático y algo ácrata, que inicia de esa manera una semana especial de investigación sociológica en torno a la autarquía. Su iniciativa genera en la clase La Ola, un movimiento social alternativo, que parece dar respuesta a los grandes desafíos del mundo contemporáneo.
Los chavales se entusiasman, mejoran notablemente en autoestima e iniciativa, superan sus diferencias raciales y sociales, se implican en el diseño de lemas y logos, y hasta adoptan un uniforme común, compuesto por pantalón vaquero azul y camisa blanca. Las críticas de varias alumnas al experimento —cuestionado también por otros profesores y por grupos anarquistas— llevan la situación mucho más allá de lo que nadie había imaginado.
El guión y la puesta en escena de Dennis Gansel fuerzan algunas situaciones para hacerlas más verosímiles. Además, a veces se echa en falta un esfuerzo mayor de sutileza y elaboración. De todas formas, el conjunto logra su objetivo de inquietar al espectador y hacerle pensar, gracias especialmente a unas interpretaciones muy convincentes y a unas reflexiones certeras sobre la falta de horizontes de la juventud actual, y su consiguiente fragilidad moral, agravada a menudo por unas situaciones familiares lamentables, una escandalosa desigualdad social y un rastrero materialismo hedonista.
En este sentido, la película constata los peligros que genera la capacidad de fascinación de un líder carismático —aquí, un profesor—, que encauce la latente rebeldía juvenil hacia un uso viciado de las virtudes básicas —la unidad, la amistad, la lealtad, el sacrificio, la confianza…—, cuyo atractivo sigue siendo universal. Una capacidad de fascinación, en fin, que podría transformar en infame dictadura hasta la más probada de las democracias.
ACTIVIDADES A REALIZAR: